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Exposición Del Sr. Rafael Emilio YunénPALABRAS DE RAFAEL EMILIO YUNEN EN LA PRESENTACION DEL INFORME SOBRE DESARROLLO HUMANO 2004 AUDITORIO DEL CENTRO CULTURAL EDUARDO LEON JIMENES SANTIAGO DE LOS CABALLEROS, REPUBLICA DOMINICANA 4 DE AGOSTO DE 2004 Desde el 1990 hemos visto la aparición, año tras año, del ya famoso informe conocido como el “IDH” preparado por un equipo independiente de distinguidos profesionales que son convocados por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. Hasta la fecha hemos examinado catorce publicaciones llenas de indicadores nacionales e internacionales y cada una centrada en un tema específico de reflexión (Anexo 1). La reciente edición que corresponde al Informe sobre Desarrollo Humano 2004 se dedica, por primera vez, a uno de los tantos aspectos que pueden ser tratados dentro del amplio campo de la cultura. Esta importante serie de publicaciones llama este año la atención sobre el tema de la libertad cultural, es decir, la libertad de poder escoger quienes somos: la lengua con que mejor nos expresamos, la fe que más nos inspira, la etnia con la que plenamente nos identificamos y el colectivo patrimonial al que queremos pertenecer para desarrollarnos. El IDH-2004 proclama tres principios básicos: (1) que los derechos culturales son tan importantes como los derechos políticos y económicos, (2) que las diferencias culturales NO generan conflictos, y (3) que permitir la expresión cultural plena de toda la gente es en sí un importante objetivo del desarrollo. En uno de sus postulados, cita al Arzobispo Tutu, al afirmar que siempre se pueden encontrar formas de “disfrutar de nuestras diferencias”. Para lograr todo lo anterior, el Informe auspicia la construcción de “democracias multiculturales”, esto es, sociedades inclusivas y diversas en términos culturales donde se puedan manejar conflictos en torno al idioma, la religión, la etnia y la cultura. A diferencia de los otros panelistas de esta tarde que tratan la ubicación de nuestro país en el Índice de Desarrollo Humano que le corresponde con relación a otros países, a nosotros nos toca presentar las implicaciones que tiene el tratamiento del tema de la libertad cultural para los habitantes de la República Dominicana. Es posible que muchos de los conciudadanos dominicanos que lean el IDH-2004 puedan pensar que esos principios no se aplican a nuestro país, sino a aquellos lugares como Irán, China, Sudáfrica o México, donde coexisten distintos grupos étnicos dentro de una misma nación. Un estudio reciente de la Dra. Josefina Záiter sobre percepción de la identidad cultural en la República Dominicana demuestra que una gran mayoría de dominicanos considera que nuestra población no exhibe un alto grado de diversidad cultural. Es más, muy pocos dominicanos se perciben iguales o parecidos a los otros habitantes del Caribe, quienes reconocen que su identidad es políglota, multiétnica, migrante, hecha con elementos cruzados de varias culturas que coexisten y se expresan mediante distintos códigos simbólicos. Parece que aquí todavía no hemos asimilado el hecho de que la historia del pueblo dominicano ha ido encontrándose con otras historias provocando intensos procesos de mestizaje. En este incesante ir y venir, se han ido creando y re-creando costumbres, lenguas, valores, productos y prácticas que van mezclando lo propio con lo ajeno, pero siempre manteniendo unos signos distintivos que permanecen en la manera de ser del dominicano y en su forma de “hacer vida” tanto dentro como fuera de su territorio, creándose así una curiosa combinación de elementos plurales y heterogéneos. Lo que se debe resaltar a propósito del IDH-2004 es que la diversidad también está en la base de la cultura dominicana actual, la cual continúa manteniendo su especificidad dentro de procesos de hibridación y trans-territorialidad permanentes. Por eso, la tarea que ahora nos toca es la de revertir las tendencias que todavía predominan en nuestra sociedad y que nos llevan a aceptar y practicar la exclusión social, la intolerancia y la discriminación frente a cualquier grupo humano (sea nativo o extranjero) que exprese fenotipos y comportamientos culturales distintos a los modelos difundidos por las pasadas dictaduras que hemos sufrido. Sin embargo, para lograr el objetivo antes mencionado, no basta con postular los principios de la libertad cultural y las obvias ventajas que se derivan de su aplicación. Es muy difícil auspiciar y practicar la libertad cultural si, en primer lugar, no se comprende la problemática cultural de manera general y su relación con los principales indicadores del nivel socioeconómico, la calidad de vida y el desarrollo humano. Desde sus primeras páginas, este Informe expone la necesidad de “incorporar la cultura dentro de la teoría y práctica del desarrollo humano”. Precisamente por esa razón, hubiese sido recomendable que se hubiera introducido un primer capítulo que abordara la temática cultural de manera más completa, para luego concentrarse en el aspecto de la libertad cultural. Esta necesidad de abordar la cultura como un todo se entiende todavía mejor si observamos que ninguno de los 14 IDH anteriores han trabajado el tema cultural. Además, tenemos que reconocer que existe una gran necesidad de difundir una pertinente visión sobre este tema porque, todavía para muchos, hablar de cultura sigue siendo un accesorio, algo que solamente sirve para adornar o para entretener. Así que ya es hora de tratar esta rica temática con la seriedad y profundidad que merece debido precisamente a su importancia para el tipo de desarrollo humano que se ha venido propugnando en todos los informes anteriores. La reflexión sobre cultura parte de diferentes definiciones sobre la misma. Un reciente documento de la UNESCO entiende por “cultura” el “conjunto de rasgos distintivos espirituales, materiales, intelectuales y afectivos de una sociedad o grupo social que se expresan a través de una multiplicidad de medios”. De ahí que la “diversidad cultural” no sólo se manifiesta por medio de la lengua, la religión y la etnia, sino también a través de los bienes y servicios culturales que resultan de distintos modos de producción, difusión, distribución y consumo. Siguiendo esta línea conceptual, las principales condicionantes de las actividades y productos culturales son: La cultura es un proceso complejo, similar al de cualquier otro producto comercial. La cultura está mercantilizada: tanto la cultura de masas, como la cultura artística y hasta el patrimonio cultural. La cultura es un territorio contradictorio, en permanente tensión, generalmente atravesada por tendencias contrapuestas. La cultura no es aséptica ni pura, sino que se mezcla de manera interdependiente con factores económicos, educativos, políticos, urbanísticos, etc. La cultura no sólo se refiere a productos, sino también a actividades que conllevan transmisión de valores y otros procesos y relaciones sociales. Estos y otros puntos se debatieron la semana pasada en Chile, precisamente en el Taller organizado por la OEA para hacer una Consulta a la Sociedad Civil, como parte de la preparación de la próxima Reunión de Ministros y Altas Autoridades de Cultura. Presentamos aquí algunas de las conclusiones preliminares de dicho Taller: La cultura es un medio para el desarrollo humano y una herramienta fundamental para el crecimiento económico y la generación de empleos. La cultura es el fin último de la sociedad y requiere interactuar transversalmente con políticas sociales y económicas que contribuyan al desarrollo pleno del ser humano. · En el contexto del libre comercio se dificulta la creación, producción y circulación efectiva de la cultura local dentro y fuera de las fronteras nacionales. · La cultura es esencial para obtener la cohesión social de las comunidades y un instrumento que también contribuye a superar niveles de pobreza y mejorar la calidad de vida. Por otro lado, en el documento de la UNESCO titulado Nuestra Diversidad Creativa, se plantea que “la cultura no es sólo un instrumento del progreso material, sino el fin y el objetivo del desarrollo”. Esta perspectiva plantea que el “desarrollo es éticamente justificable sólo si es sostenible cultural y ambientalmente”. En este sentido, los estudios de García Canclini, Moneta y DeCarli, entre otros expertos latinoamericanos, llaman también la atención sobre la relación de la cultura con el ambiente y el desarrollo de los pueblos. “Los patrimonios naturales y culturales de nuestros países son la llave para la atracción de actividades que aumentan considerablemente nuestra fuente de ingresos. Sin embargo, mientras por un lado aceptamos que nuestra verdadera riqueza y potencialidad radica en nuestra diversidad biológica y en nuestra diversidad cultural, por otro lado comprobamos que una alarmante proporción de los recursos naturales están siendo degradados, y que los conocimientos, artes y oficios tradicionales van desapareciendo”. Vale entonces preguntarse: ¿Qué ha pasado con la rica diversidad cultural propia de nuestros pueblos? ¿Qué ha pasado con nuestras creencias, costumbres y conocimientos tradicionales basados en lenguas, religiones y etnias diversas? ¿Qué ha pasado con el proceso de creación y recreación permanente de nuestras identidades? La única manera de conseguir una respuesta efectiva a los preocupantes resultados que arrojarán estas preguntas, es mediante la producción de propuestas que relacionen la temática cultural, con la del medio ambiente y con la del desarrollo. Dentro de este contexto se comprenderá mejor la importancia de defender la libertad cultural, no solamente para elegir la lengua, la religión y la etnia que mejor nos identifique, sino también para producir, difundir y consumir aquellos bienes y servicios más apropiados para nuestro desarrollo cultural y humano. El Centro León aprovecha esta oportunidad para agradecer al Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo por la distinción recibida al haber sido escogido como sede para el lanzamiento en la República Dominicana de este Informe sobre Desarrollo Humano 2004. Esperamos siempre participar activamente en cualquier iniciativa que contribuya con mejorar la posición de nuestro país en el Índice de Desarrollo Humano, según los criterios y objetivos planteados por la Organización de las Naciones Unidas y que han sido ratificados por el Estado Dominicano. De esta manera, estamos seguros de que cumpliremos también con la misión del Centro León que fuera señalada por sus Fundadores y que dice así: Participar y contribuir con otras instituciones, con o sin fines de lucro, en proyectos culturales que tiendan a la realización de obras y actividades destinadas a preservar y robustecer la identidad cultural de la sociedad dominicana, para desarrollar su creatividad a través de la investigación, protección, exhibición y difusión de sus realizaciones artísticas, culturales y científicas y de todo cuanto contribuya a la conformación de una sociedad más sensible a los valores trascendentes, más orgullosa de sí misma y capaz de participar activamente en el mejoramiento de la calidad de vida nacional. Muchas gracias. Rafael Emilio Yunén Santiago de los Caballeros, 4 de agosto de 2004. |
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